La política en Neuquén

Las barbas en remojo

Un hecho criminal a un taxista durante la madrugada del sábado desnuda una trama de intereses ocultos en el negocio. Un momento clave para intervenir y ordenar el sector.
domingo, 14 de julio de 2019 · 12:06

Disputas internas de índole política y gremial fueron llevadas en toda su dimensión a los ojos mismos de toda la sociedad de la región de Neuquén y Rio Negro. Cómo hace 8 años la ciudad de Neuquén permanece aislada por un reclamo de justicia por un delito cometido a un tachero.

Pablo Sánchez, es un vecino neuquino que desde hace 10 años se gana la vida arriba de un taxi. La madrugada del viernes a las tres y media de la madrugada levantó pasaje en su parada asignada de San Martín y Avenida Olascoaga. Dos, jóvenes, ascienden a la unidad de Sánchez y salen desde la parada N°2 hacia el bajo por calle La Pampa. Antes de llegar a Guiñazú los malvivientes lo inmovilizan cruzándole un cuchillo sobre el cuello. Acto seguido el pasajero ubicado sobre la derecha del asiento trasero le dispara a través del respaldo de la butaca del conductor. El tiro fue por la espalda y a quemarropa. Ingresó en forma ascendente, le perforó el intestino y habría causado daños en otros órganos. Sánchez, fue intervenido quirúrgicamente. Su estado es delicado.

El trabajo del taxista, como otros tantos, es un laburo de riesgo. Sobre todo, si se trata de cubrir el turno noche. Son innumerables las anécdotas que los propios taxistas cuentan sobre situaciones “complicadas” que debieron afrontar durante tantos años al volante.

Hay unanimidad en cuanto a que los tacheros de la noche son los que están más expuestos a hechos de violencia y que deben lidiar con todo tipo de tentaciones. Es una actividad de riesgo.

Mientras Sánchez pone todas sus energías para recuperarse y volver a disfrutar de sus tres hijas, la ciudad de Neuquén ha sido sitiada por los taxistas. El sindicato de peones de taxis sacó a relucir toda su furia callejera clamando justicia por lo ocurrido. El reclamo, genuino y que toda la comunidad comparte, nos pone otra vez en un lugar en el que dejamos bastante que desear.

 

¿Pedimos justicia o clamamos venganza?

Un hecho policial, hoy en etapa de investigación judicial, generó un aro de piquetes evitando el ingreso y egreso de personas a la ciudad de Neuquén.

Durante la jornada del sábado la capital provincial estuvo sitiada. Los demandantes de justicia concentraron sus esfuerzos en el acceso principal de la ciudad sobre el puente carretero que une Cipolletti con Neuquén. La tarde noche del sábado fue el escenario de negociaciones con los responsables de seguridad de la provincia y las autoridades del área de transporte público de la municipalidad de Neuquén.

Pasadas las 21.30 la situación había sido superada y estaba el compromiso de levantar los cortes y comenzar a trabajar, el día lunes, en la respuesta a las demandas de mayor seguridad. El acuerdo comprometía al gobierno de la provincia, al de la ciudad de Neuquén y a un grupo de representantes de los peones de taxis.

Lo que se había construido con paciencia durante horas fue tirado por la borda por dos sujetos que irrumpieron en la asamblea que estaba concluyendo sobre el puente carretero. Lo hicieron a voz cantante y ordenando que “nadie se mueve hasta que aparezcan los responsables de la agresión a Pablo Sánchez”. No había nada más que hacer, los funcionarios se retiraron del lugar sin más trámite con la sensación de haber estado negociando ante un sector anarquizado.

Los demandantes de justicia mantienen los cortes en los ingresos de la ciudad. Ojo por ojo, diente por diente. Se exige justicia por un delito cometido sin tener en cuenta que el modo del reclamo también es violento e ilegal.  

Hacía 8 años que no ocurría un hecho criminal de estas características. En el 2011 Rogelio San Miguel fue ultimado por dos delincuentes. En aquel momento, los taxistas, también sitiaron la ciudad demandando justicia. Pasó el tiempo, la justicia encontró a los autores y los enjuició. Un menor fue encontrado culpable del hecho, el otro malviviente mayor de edad y recién salido de la cárcel, en esa época, fue liberado.

¿Qué paso en estos 8 años transcurridos? Por lo visto, nada. Hay un sistema de seguimiento satelital con un botón anti pánico que opera en todas las unidades de taxis y remises. El sistema es operado por la dirección de Defensa Civil de la municipalidad. Hasta el último sábado parecía que todo funcionaba con normalidad. El incidente que sufrió Sanchez sacó a relucir cuestiones que en apariencia estaban latentes.

El caso Sánchez debería convertirse en el comienzo de un trabajo en serio sobre la actividad de los taxis. Por ser un trabajo de riesgo se debe actuar en consecuencia. Los controles sobre las unidades habilitadas deberán ser estrictos, también las exigencias a los propietarios y a los peones. Que el seguimiento satelital este en manos de defensa civil municipal y no de la policía fue una picardía de los taxistas que, en su momento, vieron la no conveniencia de convivir las 24 horas con el ojo preventivo de la fuerza policial. Tacheros de años, anoche le explicaban a este cronista que en aquel momento se temió que el sistema iba a ser utilizado para vigilar también a los conductores de las unidades. El sistema de prevención está pensado para proteger a todos los involucrados, en este caso, al taxista y al usuario.

El caso Sánchez también dejo en evidencia viejas disputas en el sector de los peones de taxis. Hoy no hay una conducción reconocida y con ascendencia por sobre la mayoría de los trabajadores del sector.

Los propietarios son otro caso aparte. No tienen más interés que el de velar por sus intereses, sino no se entiende que la ciudad a 24 horas del hecho continúe sitiada.

Sánchez deberá ser el disparador de una política más dura en materia de prevención y seguridad. Cuidar a los conductores y a los usuarios por igual. Es un sector que, durante los últimos años, ha demostrado rebeldía ante el sistema. Han hecho lo que quisieron y cuando se les vino en ganas.

Los viejos tacheros, de profesión, han sido corridos por una nueva generación que conlleva otros valores. Son otros tiempos. La profesionalización del servicio fue quedando de lado. Los cortes en los accesos a la ciudad de Neuquén están impregnados de lo que acontece puertas adentro de la actividad. Dirigentes sin peso representativo, patrones que hacen la vista gorda y un poder político y judicial que hasta el momento se ha mostrado prescindente de la situación.

El caso Sánchez es un hecho policial de los tantos que ocurren en la ciudad de Neuquén, en el resto del país y en cualquier otro rincón del planeta. Es inimaginable pensar un escenario de ciudades sitiadas cada vez que ocurre un hecho de las características que, lamentablemente, le sucedió al taxista neuquino.

Nadie puede hacer justicia por mano propia. Así lo ejemplifica el código penal. Los piquetes de los taxistas suenan más a un clamor de venganza que de justicia. Un hecho violento haciendo responsable a toda la ciudad por un hecho delictual, de los tantos, que ocurren cada noche en cualquier rincón del mundo.

Resentimiento y desconfianza es lo que hoy trasladan los taxistas en su reclamo. Un punto de partida que suma muy poco para avanzar en la búsqueda de soluciones.

 

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