Polémica que no se aclara

Sauzal Bonito, Oklahoma y las verdades a medias

Los sismos en la localidad neuquina ¿son producto del fracking, o de la influencia de las represas sobre una falla tectónica? Aquí, la información al respecto.
martes, 12 de febrero de 2019 · 12:43

Los sismos de Sauzal Bonito se incorporaron en las agendas públicas luego de las manifestaciones de sus habitantes. La falta de una respuesta en tiempo a la población, y la ineficiencia de la industria para adelantarse nuevamente a las demandas de la sociedad, movilizaron el fantasma del “fracking” generando temor, mayor incertidumbre y descreimiento que una apropiada “verdad a medias”.
A la fecha, no existen argumentos técnicos ni estudios científicos que avalen la posición del gobierno y de la industria sobre que la estimulación hidráulica no es la causante de los movimientos en el paraje Sauzal Bonito. Pero tampoco existe confirmación de este “mito”, que las organizaciones ambientalistas instalaron en la sociedad. 
Es lamentable observar que organismos técnicos y científicos ocuparon más tiempo en descalificar y desacreditar a los geólogos chilenos que en buscar las verdaderas causas de los movimientos. Mientras que en nuestro país se intenta ocultar el sol con las manos, varios países tomaron hace años la sabia decisión de iniciar investigaciones sobre la sismicidad inducida. El factor común de cada una de ellas es conocer las causas y sugerir las acciones que puedan minimizar las consecuencias. 


En la medida que se fueron conociendo cada vez más tipos de actividades industriales que podían generar movimientos sísmicos, una empresa petrolera y gasífera con sede en Holanda, encargó una exhaustiva revisión mundial de todos los terremotos antropogénicos.
Así es que el Diario de El País de España publicó en enero de 2017 parte de una investigación realizada por Gillian Fouger, Jon Gluyas y Miles Wilson, todos catedráticos de la prestigiosa Universidad de Durham, Reino Unido.
A partir de la recopilación de datos y el análisis de 577 casos de diferentes partes del mundo, la investigación permitió establecer una relación entre las actividades industriales y el problema de los terremotos.
El estudio puso de manifiesto que la actividad relacionada con la minería es la responsable del mayor número de casos entre los que figuran en la base de datos. El 37,4% de las causas de los terremotos producidos son por la industria minera. 
La teoría abordada por los investigadores responde a que en un comienzo de la actividad “las minas eran pequeñas y relativamente poco profundas. Hoy en día, la escala es completamente distinta. Los minerales se extraen a más de 3000 metros de profundidad y la cantidad de roca extraída equivale a miles de millones de toneladas al año”.
Otro factor que influye en la estimulación de sismos es la acumulación de grandes cantidades de agua, definido en el estudio como “superestructuras pesadas”. Más de 130 terremotos (23,3%) producidos en el mundo responden al efecto generado por el embalse de agua en grandes represas. 
Como ejemplos del impacto que ocasionan las “superestructuras pesada”, los científicos nombrar el hecho trágico ocurrido en el embalse de Koyna (India) -cinco años después de haberse llenado el embalse-, con el terremoto de magnitud 6,3 que daño la presa y causó más de 180 muertes; y el edificio Taipei 101 de 700 megatoneladas construido durante la década del 90 en Taiwán.  Un diseño arquitectónico y moderno, al cual se le atribuye el aumento de la frecuencia y magnitud de los terremotos en la zona.
Según el estudio, unos 170 embalses de todo el mundo han generado actividad sísmica. La teoría conduce a que el constante cambio de nivel de agua del embalse genera presión sobre la litósfera estimulando las placas tectónicas.
En función de los datos arrojados, se estima que el 61% de los sismos producidos en el mundo son inducidos por la industrial minera y la construcción de grandes superestructuras como edificios y/o embalses de agua.
La industria del gas y petróleo convencional se lleva el 15% de las causas analizadas por el equipo de los científicos de la Universidad Británica. Para la geofísica Guillan Fouger “la inyección de líquidos” para barrer la roca podría estar relacionados con los terremotos registrados en California.


Para sorpresa de muchos, antes que la fractura hidráulica se encuentra la Geotérmica con el 7,8%. En función del estudio, el llamado “fracking” tiene una menor incidencia en los sismos antropogénicos. El informe advierte que “en ocasiones puede provocar un terremoto si el líquido inyectado se filtra dentro de una falla que ya esté sometida a tensión por otros procesos geológicos”. Es decir, los sismos registrados en Oklahoma son producto de procesos simultáneos.
En el cuadro de magnitudes se observa que la mayor cantidad de sismos (195) son producto de una sumatoria de actividades industriales. Es posible que en Sauzal Bonito confluyan la represa, actividad petrolera y la falla de la Dorsal de Huincul, todos procesos simultáneos al igual que Oklahoma.
El informe concluye que “los terremotos pueden generar un efecto mariposa; cambios pequeños pueden tener grandes consecuencia”.  No solo se trata que la actividad industrial genere tensión en la corteza terrestre, sino que pequeñas tensiones adicionales pueden convertirse en la gota que libere la carga de tensión acumulada sobre las fallas por siglos de procesos geológicos. “La única forma empírica justificada de limitar la magnitud de los posibles terremotos –concluye el informe- seria limitar la escala de los proyectos, encontrando un equilibrio entre la creciente necesidad de energía y recursos, y el grado de riesgo que resulta aceptable cada proyecto concreto”.
En definitiva, ahora los técnicos y científicos de nuestro país tienen por delante retos emocionantes. Dejar de tapar el sol con las manos y comenzar a analizar las causas para dar respuesta a una sociedad. 

Raúl Vila
 

33%
Satisfacción
20%
Esperanza
13%
Bronca
6%
Tristeza
20%
Incertidumbre
6%
Indiferencia

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